26/01/12

DE LA OREJA A LA MENTE
























V
iajas por trabajo a la ciudad donde estudiaste aquello. Al acabar reuniones, tres horas libres por delante. Te conectas a facebook, escribes a tu amante en tiempos de estudiante.

Ves un 1 blanco en tarjeta roja volante: responde tan rápido como antes.
Quedáis en una terraza del centro.

Habláis, habláis, unas palabras son cemento y otras son ladrillos, habláis, tú tienes pareja [tu ex amante tiene pareja], habláis, habláis pero no vas a contarle este encuentro, no lo merece; habláis y desearías no haber enviado el mensaje, habláis con nerviosismo [tu ex amante desearía no haber contestado]

blablablablablablablablablabla

distingues una cicatriz en su oreja

blablablablablablablablablablablablablablabla

¿tenía esa cicatriz en la época en que os acostabais?

blablablablablablablablablablablablablablabla

no la tenía, crees, casi seguro que no la tenía, dudas

blablablablablablablablablablablablablablablablablablablabla

¿la tuvo siempre y nunca la viste? ¿la viste mil veces y la olvidaste?

blablablablablablablablablablablablablablablablablablablabla

[rayos de sol en la sombrilla bajo la que tomáis café con leche forman un hilo de sombra que toca su oreja izquierda y, de eso no te das cuenta, también tu oreja derecha]

y crees que se te ha revelado una cicatriz en la oreja de tu ex amante

[tu ex amante cree que en tu oreja se la ha revelado una cicatriz]

y te marchas con el convencimiento de que siempre estuvo ahí

[tu ex amante se marcha con el mismo convencimiento y así permanecerá para siempre, de la oreja a la mente, un hilo de sombra que enlaza vuestra separación definitiva].

16/01/12

MISS 15M










Llegó a la Puerta del Sol, tanto tiempo imaginada. Contempló el paisaje. Demasiados turistas. Ella era una; otras sus intenciones. Vio cabellos lacados, bufandas claramente sintéticas, botas superpuestas a los bajos de los tejanos. Where's the Spanish Revolution?, se preguntó, víctima del desequilibrio sanguíneo de quien pisa un desnivel entre lo prefigurado y lo real. Había viajado a Madrid por el espíritu del 15M. Ocho meses después, ni rastro. Decepcionada, bajó la vista. Vio a un mendigo sin piernas, enraizado cual sauce a un cuadrado de tierra. Aquel medio hombre ni lloraba ni vestía ropas de abrigo. Solo una camiseta ancha y sin mangas que mostraba sus poderosos bíceps –y tríceps, esencia de la vigorexia–. Pensó que aquella musculatura nacía de la doble función de sus brazos-piernas. Dejó caer una moneda de 50 céntimos y le preguntó por los indignados. «Como vinieron, se fueron», contestó tomando la moneda del suelo. «¿No tendrías un eurito por ahí?». Le echó 50 céntimos más, que resonaron al impacto contra el asfalto. «¿Es que no tienes un euro entero?», protestó el musculado pedigüeño, guardándose ambas monedas en el bolsillo del pecho. «Hombre... qué cosa... pro...», el español de la joven era precario. «Disculpas... señor... engendro...», prosiguió con una serie de palabras que no pudo concluir. Tomando impulso no se sabe cómo ni con qué, el lisiado se encaramó como una fiera a su cabellera rubia. Si algún turista tomó fotos –que hubieran retratado a esa especie de animal mitológico, hermafrodita de cuerpo y medio, que por unos instantes formaron–, ella no lo pudo saber. Entonces lo vio todo negro, su cabeza prensada por una fuerza hercúlea, aromas de salitre, humedad y roña expelidos por las axilas del monstruo. Entre una cosa y otra, se desmayó. Cuando despertó, los indignados todavía estaban allí.

Marcos Jávega

14/01/12

Series comentadas por mentes muertas 1x01

Cyril Connolly fue un enorme hombre de letras. Varios gilipollas vienen a denominarlo "Hitchcock de los Ensayos". En escribidor carecemos de lemas. Salvo uno:

Las mentes del pasado no son menos inteligentes por estar muertas

Desde su tumba inquieta,
Cyril Connolly nos comenta Sex and the City
[sesenta años antes del episodio final].





—Cuidado con la mujer que tiene demasiadas amigas, ya que estas intentarán destruir el NOSOTROS conyugal. Si tiene una sola amiga es incluso peor, a menos que después nos casemos con ella. En Estados Unidos todas las mujeres tienen su grupo de amigas; algunas son primas, las demás son amigas del colegio. En conjunto forman un comité permanente que juzga los asuntos de cada una, que se ponen de largo juntas, y que acaban formando esos grupos de mujeres activas, sanas, bien informadas, que se ven en los restaurantes y que gobiernan la sociedad. Contra ellas la Pareja o Ehepaar no puede hacer nada, y el Hombre es a sus ojos pocos más que un paréntesis biológico.

Supongo que piensa igual sobre los grupos de hombres...
¿Y qué hay de los unisex, estimado Connolly?
¿Algún comentario sobre How I met your Mother?
¿Qué decir sobre Friends?



01/01/12

DÁDIVA AMSTEL. Una historia de navidad.

Era holandés y jugaba a los naipes. Entraba en partidas a las que nadie le había invitado. Carecía de la sagacidad para entender todo lo que encubren estos juegos. Perdía siempre. Aún así, disfrutaba, y pudo entablar amistad con un sacerdote aficionado a las cartas. Como muestra de su estima, aprovechando la llegada de las fiestas navideñas, le regaló al religioso una estructura ósea parecida a la de un ave pitpit. El esqueleto, menudo y bellísimo, expelía un olor penetrante. Guardó el regalo en el vestidor de la parroquia. Al inicio de la misa del gallo, se confundió y dijo: «Bienvenidos a la misa del pitpit». Gran revuelo entre los fieles, apertura de investigación, descubrimiento de su ludopatía. Se requisó la osamenta. Cien inciensos fueron insuficientes para eliminar aquel hedor.

Marcos Jávega

Variación semántica del cuento popular 'Padre regala a hijo libro que huele a pis' incluido en la antología La autocensura en Perrault [y yo te encontré en la calle]

(Patti&Yerai Editores, Pirules, México, 2011)

20/12/11

[Larry Bianchi, Carlos David]



















Carta robada, Carlos David, Larry Bianchi.

Conozco tu secreto, hijo de sa-

bes que te admiro.

Tu infancia fue un mapa de América: de norte a sur y viceversa.

Sé que en los 70 faltabas a tus clases en la Universidad de Maryland

para meter goles en París y Buenos Aires.

Tus compañeros de vestuario todavía se ríen recordando tus monólogos.

¿Cómo aguantaste el ritmo en los 80? ¿Desvelarás algún día tu secreto?

Late Show Fridays, Saturday Night Live,

despedidas a la francesa de madrugada, charters NYC–PAR, jet-lags,

y los domingos por la tarde, centelleante, a enseñar el fútbol alegre.

¿Ningún periodista galo en rueda de prensa sospechó de tu cómico alter ego?

¿Cuánto tiempo lleva muerto el journalisme?

Sé que de vuelta a la Argentina en los 90,

la conexión entre Américas te pareció un juego de niños.

Ganabas títulos, tus equipos eran ácidos y corrosivos, tu humor era un mina.

Tu amigo Seinfeld se reía, era de los pocos que lo sabía.

La serie, un exitazo. El público yanki, ni idea de tu doble vida.

¿Escribes mejores guiones que planteamientos ofensivos?

La pregunta es idiota, si compartís cerebro.

Te tomas el fútbol como una risa, el cine como el deporte virrey.

¿La vida es un juego al que hay que hacerle burla?

¿Es la lección que debemos leer entre líneas?

XXI Century Citizen, ya ni siquiera escondes tu parecido,

cuanto más lo muestras, menos sospechan.

Que la cosa funciona es evidente, loable.

Y aunque casi nadie capte tu evidencia,

la admiración a tu alrededor se multiplica por vía doble,

lectores de tus goles, hooligans de tu ironía,

sendos caminos van a dar a tu conciencia,

maestro del engaño, duplicada ficción en movimiento,

moneda de doble cara que escondo en mi cartera.

Larry Bianchi, Carlos David, conozco tu secreto.

Déjame contárselo a alguien.


Marcos Jávega

19/12/11

Cómo Conocí a Vila-Matas


















1

Si alguna vez hubiera podido asistir a una conferencia de los autores de Superman, no se me hubiera ocurrido esperarlos al final del acto para comprobar si se marchaban volando. En cambio, de Vila-Matas, uno espera que se comporte como el personaje que protagoniza sus novelas: el escritor que responde al nombre de Vila-Matas. Así que me esperé. Y no me defraudó. Semanas más tarde, en una conversación que mantuvo en el teatro Romea de Barcelona con el cineasta y escritor Gonzalo Suárez, a éste se le ocurrió comentar, en tono campechano, que ambos no dejan de ser personas corrientes que, al sentir un apretón, buscan con premura un toilette. Vila-Matas le interrumpió de golpe. «Escatología aparte, querido amigo, eso no es así y tú lo sabes. Nuestra mirada hacia el comportamiento humano es cualquier cosa menos corriente. Y cuanto más pasa el tiempo, más se encrudece, más marciano me siento». En serio: solo le faltó salir volando.

Vila-Matas no se desprende del disfraz en ningún acto público. Y no me refiero a sus elegantes trajes de dandi –o más bien de shandy–. Hablo de su personaje. Comentario aparte merecen sus miradas, de sabio Peeping Tom, de entrenado vouyeur. Cruzamos unas cuantas, créanme. Oh, sí, sé bien que se acordaba de mí. De unas semanas atrás, en otra charla pública. El día en que conocí a Enrique Vila-Matas.



2

El jueves 4 de noviembre de 2011, cuando pocos lo esperaban, la novela París no se acaba nunca (Anagrama, 2003) regresó a la actualidad informativa. Sucedió en el museo Picasso de Barcelona, en una charla de Enrique Vila-Matas, ligada a la exposición Devorar París. Picasso 1900-1907. En el mundillo literario solo se acostumbran a celebrar actos con escritores predispuestos a hablar sobre su última publicación. De modo que entendí que aquel acto, convocado ocho años después de una obra absolutamente maravillosa con la presencia del autor, suponía una excepción de obligada asistencia. Me enfundé la americana más parisina que encontré en el armario y me personé en el museo.

Sus manos. Menuda broma fantástica. Si alguna vez tuvieran la oportunidad de acudir a uno de los escasos actos públicos en los que Vila-Matas se deja ver, no olviden fijarse en sus manos. Nunca había visto a un sexagenario con manos de niño. Unos dedos tan brillantes, tan afilados, eternamente jóvenes. Y no es una metáfora. No sé si se aplica cremas hidratantes, o se las baña en refinados aceites, o qué demonios hace, pero a fe que esas manos a contracorriente del tiempo no se corresponden con su edad real.

¿Realidad o ficción? Vila-Matas se autocondenó a esta interrogación perpetua. Y le encanta. Son tantas sus bellas mentiras, sus falsas citas atribuidas a enormes escritores de lo mínimo, su capacidad de inyectar verosimilitud a la invención, que siempre alguno le acaba pidiendo cuentas por todo ello. Algunos despistados llegaron a dudar, en la ronda de preguntas, sobre la existencia de La asesina ilustrada, título disponible en cualquier librería de Barcelona. Una novela ideada durante los dos años que pasó en Francia y que, en París no se acaba nunca, le sirve para expresar la inseguridad universal del cachorro que desea ser escritor y para reírse de su propia figura con refinada ironía y sentido del humor. Mi gran descubrimiento en aquella tarde de noviembre fue que, en la vida real, Vila-Matas se ríe como un marciano. Aprieta mucho la boca como si la risa fuera un gas que debe mantener en el fondo del cuerpo y tenga miedo a quedarse sin.

Sobre sus juegos de citas, Vila-Matas confesó que la traductora de sus obras al inglés lo pasa fatal, metro arriba, metro abajo, visitando las bibliotecas donde poder dictaminar cuáles de sus citas son verdaderas y cuáles no. Su traductor en París, en cambio, se ha vilamatizado tanto que ya las traduce tal y como el autor las formuló. De modo despreocupado, distinguido. Y afrancesado, claro, de lo contrario para qué pagarle. Francia es el país donde más se valora la literatura de Vila-Matas. Mientras que en España Chet Baker piensa en su arte (DeBolsillo, 2011) está pasando algo desapercibida por haberse editado junto a otros textos no recientes, en el mercado francés se ha publicado como nouvelle autónoma y está generando un debate crítico sobre el rumbo de la literatura en lo años venideros, según palabras del autor. No es de extrañar que Vila-Matas aprovechara este dato para definirse como «un escritor francés que escribe en español».

«Duchamp es el único mito que aún no se me ha caído», confesó, «no he encontrado un Duchamp en literatura». «¿Tal vez Borges?», propuso el escritor Jorge Carrión, conductor del acto. “Eso está bien visto. Entonces, el Duchamp de la literatura es Borges». En París no se acaba nunca, Vila-Matas cuenta que asistía a conferencias de Borges o de Perec para verlos de verdad. Se quedaba hasta el final del acto y los espiaba. En un capítulo, escribe que se quedó frente a frente con Perec y este le espetó: «El mundo es grande, joven».

La charla terminó, el público abandonó la sala poco a poco, y yo me quedé espiando a Vila-Matas. Me disparó unas cuantas miradas a lo Johnny Guitar. Cuando al fin nos quedamos solos, él, yo y una encargada del museo, se me ocurrió sacar del maletín mi edición de bolsillo de París no se acaba nunca. Aquel día el autor no deseaba firmar ejemplares pero el libro era lo que tenía más a mano para disimular mi tarea de espionaje. Vila-Matas observó esa anomalía –un falso espía imitando sus andanzas pasadas– y reaccionó comentándome en voz alta: «Te has colado». Me dibujó un shandy con gabardina y sombrero.



3

Si algún medio serio publicara esta crónica, quizá la terminaría donde escribí sombrero (Chapeau!).

Desempleado pero no indiferente, debo añadir aquí que la encargada del museo se me quedó mirando con una sonrisa picassiana, mezcla rara de inquisición y ternura. Me puso de los nervios. Algo tenía que decirle a esa desconocida para no quedar como un autista, ante ella y Vila-Matas. «Quería verlo de verdad», me salió. Fui yo el primer sorprendido de mi ingenio.

Quizá carezca de futuro y nunca vaya a ser capaz de acceder a las imágenes primeras de mi pasado, pero ya puedo contar que en una ocasión intertextualicé con Vila-Matas. «Y es bastante más de lo que jamás soñaríais en mil vidas», cantaba Nacho Vegas en El hombre que casi conoció a Michi Panero.

Marcos Jávega