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El inquilino del cubo

Vivía en un cubo. Estaba seguro. Habitaba una casa cúbica. Era la primera noche del invierno de 1989 y el inquilino soñaba con el vapor. —Cuidado con el inquilino de la pirámide —decía una voz que procedía del vapor—. Cuando duerme, no descansa. Parece que tiene sueños lúcidos. —Bobibo e bubo —balbuceaba el inquilino con los labios apelmazados, intentando decir «yo vivo en un cubo». A la mañana siguiente el inquilino leyó un pliego de folios arrugado por las esquinas y unido por una grapa oxidada. En efecto, según el contrato, residía en una pirámide. Fue a quejarse a la oficina del administrador de fincas. Por el camino, fatiga y dolor de huesos. Ola de frío. Pese a ser de día, sin más alternativas, las luces navideñas brillaban anunciando lo de siempre. ¿Por qué los administradores de fincas trabajan tan alejados de las fincas que administran? ¡Pssst!, misterios del mundo moderno. En el ascensor, el inquilino prefirió situarse de espaldas al espejo. No tenía ganas de verse reflejado. L…

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