
Aunque algunos periodistas españoles insistan en presentarlo como el cineasta japonés o el director iraní, a Kaurismaki no le quedó más remedio que nacer en Finlandia. Los más escurridizos estudiosos de su filmografía aseguran que tiene un pack de unas 50 películas filmadas, y que estrena una cuando se le acaba el dinero para el vodka. Una de ellas es "Caperucita Roja" (Título original: "Punahilkka").
En la versión de Kaurismaki, Caperucita trabajaba envasando 'pullas' (bollos de café típicos de Finlandia), en una cadena de montaje. Siempre viste con una capa roja, por lo que el resto de trabajadoras la llaman Caperucita, siempre por la espalda. Esta es una historia de incomunicación, y ninguna de esas grises empleadas quiere dirigirle la palabra a la extravagante Caperucita, siempre con capa roja como si Finlandia fueran los carnavales de Cádiz.
Su madre, alcohólica y con una traqueotomía, de pocas palabras y algún que otro gruñido, a llevarle un kilo de 'pullas' a su abuela. Caperucita comienza una travesía en tren hacia el bosque, donde le sucederán múltiples desgracias cotidianas: el revisor dictamina que su billete no está validado y duerme una noche en los bancos de la estación, se avería una puerta y los mecánicos se pasan el viaje dándole martillazos, unos niños le tiran siropé de chocolate a la cara, etcétera.
A todo esto, conoce a un hombre que está leyendo un diario en el asiento de enfrente. Ella le interrumpe la lectura, que es lo peor que se le puede interrumpir a un hombre según la cultura turca (del orgasmo no tienen nada escrito). Él, sin mirarla a la cara, le espeta: soy un cazafortunas. Luego no hablan más. El hombre pide seis o siete vodkas. Caperucita mira por la ventanilla.
Al llegar a la estación del bosque, Caperucita y el hombre se bajan. Comprueban la dirección a la que van cada uno y resulta que es la misma. Ella le pregunta que por qué va a casa de su abuela. Él responde que sabe que ha muerto, y que va a cazarle la fortuna. No sonreirán en toda la película.
Entran en casa de la abuela y la encuentran muerta en la cama.
- Entonces tú eres el lobo'.
- Ya te he dicho que yo soy el cazador, se me está secando la boca de tanta cháchara.
- ¿Y quién es el lobo aquí, eh?
- Los lobos son los demás: el hombre es un lobo para el hombre.
- Compraremos una botella de vodka y pasaremos la noche juntos en casa de mi malograda abuela.
- Vale, pero espero que no seas de las que hablan en sueños.
Suena la canción "Bésame mucho" subtitulada en finés y sin embargo no se besan. Se entiende que Caperucita y el cazador de fortunas serán infelices y comerán 'pullas'.
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