21/05/08

The old man and the yellow bricks

Este hipercuento se lee escuchando la canción de la pantalla.
Recomendaciones:
- Deja sonar la música y no empieces a leer hasta que escuches que el cantante empieza a cantar (0:23)
- Deja terminar la canción aunque hayas acabado de leer (2:58)



THE OLD MAN AND THE YELLOW BRICKS
(EL VIEJO Y LOS LADRILLOS AMARILLOS)
Suena Old Yellow Bricks de los Arctic Monkeys a un volumen que retumban los ventanales.
Salgo a la terraza, claro.
Lo normal es que a ese volumen y proyectado desde un subwoofer de un coche solo suenen ritmos latinos o agitanados.
Advierto,
primero: que hace un día brillante como un camino de ladrillos amarillos que me obliga a achinar los ojos,
segundo: que la música no proviene de un automóvil tuneado sino de uno de los colegios cercanos a mi casa.
Es música en directo.
La sempiterna fiesta teenager que se monta en un colegio, donde los chavales intentan ligar con mayor o menor éxito, idean putadas, se peinan con las manos mirándose en los espejos del baño cada media hora y participan en concursos de pasteles.
En mis tiempos todos tocaban canciones de Nirvana, no sé en los tuyos.

Saco el portátil a la terraza, me siento y empiezo a escribir.
Con tanto sol apenas se ve la pantalla, me va a salir prosa sudorosa.
O iluminada.
¿Acaso no son los festivales más que prolongaciones de esas fiestas adolescentes?
Qué parida, luego lo borro.
El caldo de cultivo de las modas urbanas son los colegios e institutos.
Pásate por el recreo y verás los pantalones que llevarás el año que viene.
Me dan ganas de ir al concierto y rememorar, como se suele decir, “aquellos maravillosos años”.
El título original de Aquellos maravillosos años era The Wonder Years: en Argentina lo titularon Kevin, creciendo con amor: seguro que inventaron ellos lo de Marilyn Manson.
Decirles que disfruten, que esos días de colegio nunca volverán.
Tú imagínate que se te acerca un mayor y te viene con que esos días nunca volverán.

El coche fantástico es una trepidante aventura de un hombre que no existe en un mundo lleno de peligro: Michael Knight, un joven solitario embarcado en una cruzada para la defensa de los inocentes, los indefensos y los débiles, dentro de un mundo lleno de criminales que operan al margen de la ley.

Descubro a un viejo tirado en mi terraza, bebiéndose un Rioja a morro.
Me aconseja con acento yanki que me deje de primera persona, que me invente un personaje y lo vuelque todo en él.
Que no sea yo sino las partes de mí que veo en los demás.
Que a mí me gusta el vino, pero que no sea chungo.
Que el artista que rechaza el absurdo, dos veces absurdo.
Que las penas y lamentos se las va a llevar el viento.
Que escribir en rima es comer entrecot con ketchup Prima.
Me dice que disfrute, que estos días en que escribo desde mi terraza nunca volverán.
Eructa: huele que emborracha.

Le digo:
- Puto viejo, vete de mi terraza si no quieres que llame a la policía.
Me contesta:
- Tranquilo, soy David Hasselhoff y tu blog es guay del Paraguay.

(Hipercuento, 2008)

4 comments:

cynthia dijo...

En mi instituto no nos dejaban hacer fiestas así que nos las montábamos en la playa, donde las chicas más populares debatían sobre si la canción del verano debía ser alguna de Civera o alguna de King África.

Ahora sí que las permiten y es mi hermano, como buen teenager, quien toca sus versiones de The killers con su camiseta "Boys don´t cry" verde moco.

lachicafriolera dijo...

Mi segunda personalidad de correctora te da su total aprobación por este texto. Mi personalidad principal, es decir, yo (y paso a la primera persona) estoy alarmada últimamente por las veces que David Hasselhoff aparece en mi vida últimamente. El otro día mi novio dijo en sueños: "la belleza es David Hasselhoff" y me dejó patidifusa a la vez que inquieta.

te he hecho un cd dijo...

joder, me parto con el comment de aquí arriba, qué friolera, si mi novia dijese algo así en sueños me preocuparía...

Hongos dijo...

Y tiene razón. Tu blog es guay del Paraguay.