
Un señor gordo de Alicante campeón nacional de comer hot dogs se va a Baltimore para participar en un torneo internacional, subvencionado por la conselleria de Cultura y Deporte de la Generalitat Valenciana. Gran debate en el departamento para saber si el dinero tiene que salir de la dirección general de Cultura o la de Deporte, tanto que al final el señor gordo viaja pagado por ambos. Eso sí: le obligan a concursar vestido de fallera y calzado con unas tenis. Protesta porque en Alicante no celebran las fallas sino las hogueras, pero los políticos lo convencen de que si concursa envuelto en llamas en Estados Unidos podría ser confundido con El Hombre Antorcha y perderían una gran ocasión para promocionar la cultura valenciana.
Pasados los anchos trámites, concursa y vence en anchas rondas a anchos señores venidos desde todas las latitudes del ancho mundo. En la semifinal queda empatado con un señor gordo de Frankfurt. Los jueces de silla consultan la moviola y la foto finish muestra que ambos engullieron la última salchicha a la vez. El jurado determina que ser de Frankfurt y comer Frankfurts es un abuso. Lo expulsan y le prohíben la entrada en el país. En la final, el señor gordo de Alicante pierde contra una señorita delgada de Shangai.
Esa noche el señor gordo de Alicante tiene pesadillas en las que su pene es una salchicha y quiere comérsela pero no llega. Se despierta por la mañana, se dispone a orinar y comprueba que efectivamente su pene es una salchicha. Quiere comérsela pero no llega. Se gasta el dinero de la subvención en quitarse las costillas que hacen falta para que, en una flexión, su cabeza alcance la salchicha. En la cama de la clínica y recién operado, consigue al fin pegar un bocado a su propia salchicha. Lógicamente, ese dolor que siente es el dolor más doloroso y el dolor más inhumano. Un dolor que le produce un ataque de hambre, por lo que al ver en una bandeja de la habitación sus propias costillas, va y se las zampa. Le chiflan, pide más y convence a un taciturno funcionario del departamento de Donantes de Órganos de que le venda kilo y medio de costillas.
Hoy es campeón del mundo de comedores de costillas. Después de cada campeonato internacional, el señor gordo vuelve victorioso a su hogar alicantino. En su calle, todos los vecinos le saludan con aspavientos, algunos de ellos con gritos de campeón campeón oé oé oé. Él responde a todos con cariño, y una mano alzada. A todos, menos a la china del restaurante chino La Dama de Shangai.
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