
Sonaba Be My Baby en bucle. Había leído en internet que Brian Wilson de los Beach Boys, enfrascado en la composición del álbum Smile en 1966, se había obsesionado de tal manera con esta canción compuesta por Phil Spector y cantada por las Ronettes que la escuchaba cada día y de la misma manera como repetía ahora Roc Fontdevila en su estudio de grabación casero instalado en el sótano de una finca situada al oeste de la ciudad. No era un sótano lúgubre, pues daba a una terraza con una parcela de tierra que Roc abonaba, regaba y podaba como el que abona, riega y poda una canción. Más allá de la terraza se divisaba una plazoleta rodeada de un nido de edificios que los vecinos usaban como garaje, ajenos a aquel trozo de naturaleza en territorio urbano. No era tiempo ahora de cuidar el limonero, con ese viento mediterráneo que cada mes de octubre nos encierra en nuestras casas y nos incita a la cinefilia, esos soplidos de alerta amarilla que si duraran más de un mes nos llevarían volando a la vida loca y despeinada. Quería copiar el Be My Baby con guitarras distorsionadas, como si las Ronettes se subieran a cantarla con Sonic Youth. Sonaba Be My Baby en el sótano mientras los limones bailaban en la terraza. Se desprendían de la rama del árbol, danzaban unos segundos en el aire y se desplomaban contra el suelo. Uno de los limones fue a impactar contra el cristal de la puerta del estudio, lo que obligó a Roc Fontdevila a salir a ver qué pasaba. Y pasaban limones en danza y en medio del viento y del frío, una mujer desnuda en su terraza.
Sonaba Be My Baby en bucle en el estudio y había una mujer desnuda en su terraza. Roc se asustó para adentro, ambos se quedaron quietos y se estuvieron un buen rato mirando, los limones danzando y cayendo. Ella sonreía, desnuda y pelos de loca al viento, sus tetas también parecían limones, tarareaba Be My Maby. Roc la hizo pasar al estudio. Calor de hogar, Be My Baby en bucle. Resultó que ella se la sabía de be a i griega y ahora la cantaba con ahínco: Be my, be my baby, be my little baby. Roc se quitó la sudadera y se la ofreció a la mujer, que decía que no con la cabeza sin dejar de cantar. Roc había fantaseado en sus largos encierros en el estudio con que una chica desnuda entraba en su estudio y él se la follaba sobre el viejo hammond de madera pero ahora que se tornaba auténtica la situación no tenía nada de erótica, una desconocida se había colado en su terraza en un día de viento violento, y no parecía en su sano juicio. ¿Acaso no había que tener miedo? Parecía evidente que no podía sacarse un arma de ningún sitio, pero ¿acaso no está como una cabra una tía en bolas en un día de viento huracanado, ahora en tu cueva cantándote Be My Baby? ¿Acaso no puede tratarse de una mujer pantera que se te tira encima y te araña el gaznate hasta que mueras desangrado? La mujer se acariciaba el cabello, se lo recogía en forma de moño y luego lo dejaba caer sobre los ojos a modo de flequillo supersónico. Roc empezó a perder los nervios, le preguntó cómo te llamas, qué haces aquí, ella seguía: for every kiss you give me, I give you three. Le aguantaba la mirada, no estaba preparado para tanta pornografía barata. Ella se acercó y le besuqueó el cuello tres veces, él se apartó, violentado, sintió asco, saliva de loca, la invitó a marcharse pero con aquel viento, so won’t you please be little baby. Roc se acordó del vestido de su tía Paquita, que conservaba como una reliquia por sus formas y colores psicodélicos. Lo sacó de un cajón, lo desempolvó y le obligó a la mujer a vestirse o te lo pones o llamo a la policía.
Sonaba By My Baby en bucle, Roc enchufó la guitarra eléctrica y comenzó a tocar su versión noise del Be My Baby, con el Be My Baby auténtico de fondo, rellenándolo de guitarrazos distorsionados, ella cantaba como una cuarta Ronette y se puso unas chanclas que encontró por ahí. Cuando Roc dejó de tocar, ella habló por primera vez. Le comenzó a contar la anécdota de Brian Wilson y su obsesión con Phil Spector, compositor del Be My Baby que sonaba en bucle. Roc respondió que ya lo sabía, que se la ponía en bucle, pero ella sabía más detalles, se los había contado su padre. Le explicó que aquella fijación le atacó a Brian Wilson en la época en que estaba enganchado a las anfetaminas, vitaminas para su paranoia. Creía entender en Be My Baby mensajes ocultos, amenazas personales y explicaciones al origen del universo. Una noche se fue en coche al autocine a ver Plan Diabólico de John Frankenheimer y a poco de empezar la proyección se largó a todo motor que le den por culo a Rock Hudson. Le había atemorizado comprobar que la primera frase de la película era: Hola Míster Wilson. Le pareció evidente que Phil Spector había convencido al guionista para incluir la frase, para advertirle de lo que sería capaz de hacer si osara superarle con su nuevo disco. Otro día el periodista Daniel Dalton acudió a una sesión fotográfica de los Beach Boys. Brian Wilson, en un alarde de amabilidad, le propuso quedarse a cenar. Una vez allí, en su estudio, comprobó que estaba rodeado de grabadoras que reproducían Be My Baby en bucle. Cuando a los postres sacó los chupitos de Jack Daniels y empezaron a formarse los primeros silencios, Brian Wilson le espetó: ¿qué estás haciendo aquí, Phil Spector? ¿Robarme las ideas?
Sonaba Be My Baby en bucle a punto otra vez de llegar al final, a Roc le había divertido tanto el relato, ahora la intrusa le parecía una chica preciosa y tímida, le sentaba tan bien el vestido de la tía Paquita, silueta psicodélica, feminidad en espiral. Le dio un beso, le quitó primero las chanclas y después el vestido, al ritmo de las percusiones del inicio.
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