Lo que no esperaba el Lute es que, en los albores del siglo XXI, los defensores de los animales la tomarían con él. Obviando sus delitos humanos, un tribunal creado expresamente por la Unión Europea para la protección de las aves galliformes se ceba con el Lute por aquel robo de dos gallinas en la España de los años 50. Le condenan a llevar atado y precintado al cuerpo un dispositivo que le obligue a caminar durante toda su vida. Solo podrá realizar paradas de 12 minutos, de lo contrario reventará. Tras la parada, debe seguir caminando al menos 12 minutos más. Si se detiene antes, también reventará.
¿Pero qué tienen que ver las gallinas con un dispositivo explosivo que revienta si no caminas? Se trata de las ideas del tribunal pro-aves galliformes, experto en condenas a la carta. En este caso, el juez dictamina que la pena más adecuada para Eleuterio Sánchez, el Lute, es la de llevar a la práctica el subtítulo de la primera película sobre su vida: El Lute camina o revienta. Además, para conseguir que reconozca a las gallinas como amigas, le conceden la tregua de poder detener su caminata eterna durante 12 minutos: 6 minutos por cada gallina que robó. Así, en cada descanso se acordará de las gallinas. Las verá como los seres que lo mantienen con vida. El Lute decide iniciar una road-movie a pie por los bares de la Península ibérica. Del sur al oeste en dirección contraria a las agujas del reloj. Con el dispositivo explosivo adherido a su cuerpo.
La caminata del Lute hace mella en sus facultades físicas y psicológicas. Solo puede descansar en tandas de 11 minutos (es cuando le suena la alarma que le indica que entra en el último minuto y debe seguir caminando, aunque sea dando vueltas sobre sí mismo en la minúscula habitación de un bar de carretera). La barrera psicológica que separa sueño y realidad es maleable y tiene más mierda que el palo de un gallinero. El Lute se mira en el espejo del baño y comprueba que se está convirtiendo en un hombre-gallo. Con cresta, papada y plumas. Los matrimonios se asustan al verlo pasar. No le dejan entrar en los bares. Penetra Portugal por el norte, roba una toallas con las que se fabrica una máscara. Camina sin reventar hasta entrar en un pueblo donde se está celebrando la feria internacional de gallos de cerámica. El Lute enmascarado de toallas roba una botella de vino en un stand callejero y se sienta en un banco de la plaza, consciente de que va a quedarse allí más de 12 minutos. Se la bebe de un trago y se tumba, aturdido.
Un niño se le acerca corriendo y le quita las toallas, dejando a la vista la cara del Lutegallo. Un grupo de madres se alarman, avisan a la policía, la cual no actúa. Ya se sabe hoy en día los galliformes son intocables. A los chavales les divierte jugar con el Lutegallo. Lo abrazan, le acarician la cresta, lo animan a corretear con ellos. El Lutegallo será interpretado por el pueblo como una desviación milagrosa de la madre ciencia. Un héroe contemporáneo, galliforme y portugués. Se cantarán fados en su honor, se le nombrará pregonero mayor de ferias. Todo esto lo vivirá nuestro héroe con la tranquilidad que te da que un navajero arranque el dispositivo explosivo que condena tu vida y lo arroje al río Tajo al grito de: ¡Muera Europa! ¡Viva el Lutegallo!
Título en Argentina: El Lutegallo
1 comments:
JAJAJA, sí señor.
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