Mejor solo que en compañía telefónica


Suenan chasquidos de aceite caliente como si algún vecino estuviera friendo huevos. Es el tono de llamada del teléfono móvil de su padre. Todavía no lo ha dado de baja.


¿Sí?

¿Es usted el señor Juan David Fontdevila?

¿Quién lo pregunta?

Soy Petra.

Qué desigualdad. Tendrá usted un apellido.

¿Es usted Javier David Fontdevila?

Yo me llamo Roc.

Pregunto por el señor Fontdevila.

Ese soy yo. Roc Fontevila.

¿No es usted Juan David Fontdevila?

Ese era mi padre. Pero no se puede poner.

Necesito hablar con él.

Yo también. Cada día. Cuando vivía no lo necesitaba, ¿sabe? Ahora sí.

¿Es usted quien gestiona sus cuentas, señor Fontdevila?

¿Las mías?

Las de Juan David Fontdevila.

También.

Le llamo para recordarle una deuda que tiene el señor Fontdevila con Rabotel.

¿Rabotel? ¡Madre mía! Dígame, qué es eso.

Una compañía telefónica.

Me deja más tranquilo.

Pues no es para estarlo. Debe usted doscientos euros y diecisiete céntimos.

Imposible. Yo siempre aspiro a la profesionalización. Si por ejemplo me dedicara a la morosidad, que no es el caso, debería cantidades con muchos más ceros.

El señor Fontdevila debe ese dinero y usted lo sabe.

¿Cómo iba yo a saberlo?

Le hemos enviado cartas.

¿A quién?

A J. D. Fontdevila.

Uf... cartas de compañía telefónica más allá de la vida...

A la calle Collioure número...

...que le llegan a unos testigos de Jehová que compraron la vivienda y no pueden evitar abrirlas con cierto remordimiento...

¡Deje de tomarnos el pelo señor Fontdevila! ¿Acaso piensa que por morir se iba a librar de pagar sus deudas?

Arrgh... señorita Petra, seguro que habrá oído por ahí que el hombre es un lobo para el hombre, pero ¿sabe qué son las compañías telefónicas? Unos cazadores para el lobo, eso son, los que arrancan las pieles al lobo.

No está usted hablando exactamente con una compañía telefónica, señor Fontdevila, sino con su gabinete de abogados recaudadores. Una empresa externa.

Lo que se conoce como el abogado del diablo, supongo. Aunque no sé cómo encajar este símil con mi discurso filosófico anterior. El picapleitos del cazador que arranca las pieles, que lo defiende de la protectora de animales que...

¡Señor Javier David Fontdevila!

¡Está muerto!

Sabemos que es usted.

¿El muerto? Ya me olía yo algo.

Su número de teléfono es el seis-seis-seis, treinta y ocho, cero-dos, cero-dos.

¡Basta de fragmentaciones! El número de mi padre era el seiscientos sesenta y seis millones, trescientos ochenta mil, doscientos dos.

¿Me confirma que acaba de decir su número de teléfono como un numeral entero?

Así es.

Vaya. Debo informarle de que Rabotel tiene el compromiso legal de regalar un viaje a quien pronuncie su teléfono móvil de esa manera. ¡Enhorabuena! ¿Me puede confirmar que es usted el señor Javier David Fontdevila?

De acuerdo. Lo soy.

Bienvenido al infierno.

Comentarios

Perico Romero ha dicho que…
Jajajaja, qué hijos de pute!
Don_Mingo ha dicho que…
Que pida el viaje a un destino lejano, que le renten los 200 y pico euros.

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