12/11/11

Amigos de facebook

Amigos de facebook que no acabo de saber quién sois pero que lucís elegantes iluminados por ese flash blanco, aquellos que me conocisteis en persona, los que alguna vez recibisteis mi ayuda o mi entusiasmo, esos que cedéis la misión de representaros a un muñeco, un Simpson o un escudo de fútbol, los que os cubrís el rostro, los que mostráis solo un ojo, los cantautores descalzos en el bosque, las reporteras con edad para dejar de cargar esas cámaras tan pesadas, las que os encendéis por irradiar melancolía eligiendo un cálido fondo marino, las chicas que a contraluz mutáis en sombra de vosotras, los chandaleros –qué gente tan dejada en el vestir–, los que intentáis una mueca infantil, los que directamente os mostráis con seis años, columpiando o chupando un Calippo de lima-limón, los super-pop, las super-rock, los super-folk, las de filtros cálidos, nórdicos, skaters, cinéfilos, nostálgicos de un tiempo pasado vivido por otros, ¡viva el blanco y negro!, snobs, hipsters, mujeres desesperadas, sexistas de Nueva York sin su Nueva York, porretas de uno al día, chavales para los restos, amigos que no sois uno sino trinos y acaso más, que publicitáis vuestros proyectos sustituyendo al viejo flyer –mísera octavilla, olvidada–, asociaciones, diseñadores gráficos, diseñadoras de moda, camareros de bares cool, fotógrafas, logotipos, tiendas de discos, librerías, editoriales, grandes profesores -merci–, afrancesados, alumnos de un nihilismo adolescente, quebrantadores de normas, outsiders, ñoños, padres de familia, revistas, guitarristas, novias de amigos, amigas con novia, novios de amigas de noias de amigos y casos parecidos, rockabillies comunistas, hongos, radios, cerrojos, ayudantes de abogados, abogados –yo no fui, fueron ellos, me debían dinero–, bares con terraza, como el tinto y los amantes de verano, sin poder ser nadie en invierno ni en otoño –en primavera alguna fricción, cierta chispa–, los que sois quizá demasiados jóvenes para eso que estáis haciendo –tranquilos: se cura con el tiempo–, los que sin duda sois demasiado viejos para eso otro –preocupaos: solo se cura dejándolo–, melómanos, literatos, aquellos que os creáis un doble, un fantasma, un sosia, los que posáis leyendo, los que lucís descompuestos en una discoteca a la que, sinceramente, dan pocas ganas de acudir, oh aquellos que incluís a vuestras parejas –qué manera tan astuta de disolver la identidad y protegeros de la amenaza del otro–, ah los que os dejáis sustituir por vuestros bebés, sin duda tiernos y únicos en su especie como lo fuisteis vosotros, esos que enseñáis un monumento –no os entiendo–, personas a las que veo en internet y nada más que en internet, colegas, pseudoprimos, ex compañeros de colegio, conocidos de ocupaciones que fui dejando atrás, los de visca Catalunya, los de visc a Catalunya y los de bizca Catalunya, los de Mallorca, los de Mallorca? Ca!, los de Mayor K, kafkianos, camarones de la isla, hispanoamericanos, los que lleváis gorra, los que indicáis profesiones larguísimas que yo no sabía que existían, ni siquiera que pudieran existir en un mundo cuerdo, los barbudos, los peseteros –desde que nos pasamos al euro llevo pensando cómo demonios rebautizaros–, mandíbulas prominentes, gafas redondeadas de persona inteligente, de montura de cobre –cuidado con los ladrones–, guaperas, nadadores, punks, autoexiliados, conejos, cantamañanas, caballos, gentlemen, femmes fatales, difuminatti, cariño mío, pillos que os ocultáis tras un disfraz –no hacéis más que revelar vuestro lado oculto–, cultos, incultos, fotos-carnet –gente esta de antiguos y recios valores, así tendría que haber sido todo esto, ¿no es cierto?–, los de las muecas que os afean, los coloreados, los traductores, pajaritos, manazas, zapatos, cuerpos abrigados, torsos sin camiseta, chulos, bonachones, noam chomskys, adictos a la red, bellezas vintage, lectores de mi blog, los que no me queréis ver ni en pintura, aquellas que no os importaría verme en acuarela, grabado o acrílico, bañistas, bateristas, vouyers, peeping toms, mironas, graciosos, majos, tontos, simios, gordos, soleados, nebulosas, cabelleras en proceso hacia moño, expertas actrices de lo casual, actores postizos de dudosa escuela de teatro, vanguardistas que navegáis en lancha, optimistas, payasos, celestiales, forasteros perpetuos, besuconas, estreñidas, vigilantes, vigiladas en la playa, fachas, misteriosos, profesionales, amateur, montañistas, butifarras, enmarcados, dormidos, inquisidores, buscadoras de mi gesto, buscadores de tesoros en formato comprimido, despistados, vosotros, los de reojo, venga va, no finjáis que no miráis, cabezas parlantes, símbolos, plano partido en cuatro, picados –picaos–, contrapicados –no os contrapiquéis–, nostálgicas y risueños, solo quería formularos una pregunta:


¿Percibís como yo que el buen hacer en la gestión de una red social de internet parece medirla el mayor número de amigos –de cuya cifra, cuanto más alto sea el número de absolutos desconocidos, mejor lo reafirma–, mientras que el buen hacer en la gestión de la red social íntima funciona justo al revés?

Y si me lo permitís, otra más:

¿Os parece que el uso de la palabra amigo elegida por las redes sociales para denominar a los contactos es un término que nadie educado en la era internet es capaz de tomarse al pie de la letra o en cambio pensáis que su uso desgasta el significado original de la palabra amigo?